Por lo menos, pelear por aquello que realmente deseas. El «no» se da por descontado. El «no» es una posibilidad, pero tiene un reverso: el «sí». Eso mismo pensó Mónica López, a quien su esclerosis múltiple no le ha impedido ser la primera soprano con discapacidad que actuó en Barcelona. El Gran Teatro del Liceo la escuchó cantar el aria ‘Lascia la spina’, de Häendel. Esta pieza habla de no atrincherarnos en el dolor, sino volar alto con las cosas hermosas que nos depara la vida.
Mónica López, pianista y soprano
De la potencia de su voz supo desde pequeña. Ella y su familia. Tal y como relata, su madre ya lo presintió, que iba a ser eso mismo cantante de ópera. Con cinco años, ingresó en el conservatorio, donde aprendió a tocar la flauta y el piano.
Así comenzó su carrera como músico, hasta que un día notó síntomas extraños. Perdía fuerza, las ganas de hablar, veía doble, sentía un hormigueo en las manos… El diagnóstico fue demoledor: esclerosis múltiple. Los efectos fueron tan rápidos como fulminantes. Mónica perdió todas las facultades, y tuvo que ir recuperándolas a base de medicina y tesón. Un único recuerdo de aquello: su mano derecha pierde fuerza, por lo que tocar el piano se convierte en una auténtica proeza.
Mónica convive con su discapacidad, pero no fue fácil. Conoció todos los estadios del diagnóstico: ira, rabia, impotencia, abandono, tristeza… pero fue capaz de encararlo y decidió no darse por vencida. Se presentó al Conservatorio de Ciudad Real, donde cursa a día de hoy el último curso de Grado Profesional en Puertollano.
Convencida activista de la reserva de cuotas para personas con discapacidad en los conservatorios, Mónica se ha especializado de manera simultánea en el canto lírico.
No es una deportista de élite pero su entrenamiento nada tiene que enviar a esta disciplina. Con un 34 por ciento de discapacidad reconocida, la música se ha convertido para Mónica no solo en su vocación, sino en un reto diario para no bajar la guardia y superarse a sí misma.