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La bailarina Jone San Martín sube a las tablas su espectáculo de danza ‘sORDA’

Fecha:26 Ene 2026
Número de comentarios:0
Momento del ensayo

¿Todavía tienes dudas de hasta dónde puede llegar la discapacidad? Aquí tienes una pieza que rompe barreras, la de una artista sorda que llevará su espectáculo al Centro Danza Matadero de Madrid. El 7 de febrero se estrenará ‘sORDA’, una pieza autobiográfica en la que la bailarina y coreógrafa donostiarra Jone San Martín transforma su experiencia personal con la sordera en movimiento y coreografía.

La función propone un diálogo entre la danza contemporánea y los mundos aparentemente opuestos del sonido y el silencio.

‘sORDA’ es una pieza autobiográfica. Jone San Martín advirtió una pérdida auditiva a los 30 años. «De repente, descubro que soy otra y que me estoy relacionando con el mundo de otra manera porque el mundo, a su vez, se está relacionando conmigo de otra manera», explicó la artista en una entrevista con Servimedia.

Esta experiencia se convirtió en el punto de partida «para construir un lenguaje escénico único y ‘ultraexpresivo’. En ‘sORDA’, el cuerpo se convierte en territorio de escucha, en resonancia muda y en vibración compartida».

El silencio interior, vivido como experiencia personal, se confronta constantemente con el sonido exterior para transformarse en gesto, respiración, latido y movimiento.

La bailarina Jone San Martín sube a las tablas su espectáculo de danza ‘sORDA’

Momento del ensayo

CUERPOS QUE ESCUCHAN

La pieza se centra en ese margen estrecho entre la presencia plena y la realidad cotidiana de quien convive con la sordera. Este espacio, según la bailarina, permite identificarse con toda la humanidad porque «todos estamos continuamente intentando coincidir con la norma, aunque la pieza nunca encaja del todo».

La artista cuenta para esta obra con los músicos y realizadores audiovisuales Paola Álvarez y Manuel Escorihuela, quienes intervienen en directo sobre el escenario. Así, cuando la artista se quita los audífonos, el equipo debe buscar soluciones comunicativas alternativas. «Más que una reivindicación es un espacio de juego».

En escena se alternan momentos en los que la bailarina oye y otros en los que decide no hacerlo, creando una experiencia donde el espectador participaba de esa incertidumbre. La creadora utiliza la metáfora del ritmo para explicar su relación con la vida cotidiana. Al no oír completamente (tiene una pérdida auditiva del 65%) debe adivinar muchas cosas, construir realidades a partir de información incompleta.

MÁS ALLÁ DEL LENGUAJE

El espectáculo incluye música electrónica en directo con guitarras y sintetizadores, además de elementos visuales. Para facilitar la accesibilidad se dispondrá de mochilas vibratorias pensadas especialmente para personas con discapacidad auditiva.

La elección del título con la ‘s’ minúscula responde a una posición política y poética, admitió. «Esta escritura rompe la oposición binaria entre sorda (condición médica) y Sorda (identidad cultural), proponiendo una experiencia híbrida de la escucha». De este modo, «el término ‘sORDA’ nombra un estar entre sonido y silencio, entre norma oyente y disidencia sensorial».

La pieza cuestiona la idea de normalidad y celebra la diferencia como fuente de creatividad. «Al no oír bien te das cuenta de que hay otras maneras de comunicar», señaló la bailarina. Para ella, la danza es una lengua, igual que la lengua de signos es una lengua física o la expresividad facial constituye otra forma de comunicación.

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